Hoy hace cuatro días que llegamos de Fuerteventura y se ve de otra forma lo que ha sido la primera concentración de Triatlón del Real Club Mediterráneo fuera de sus instalaciones, aunque más que de concentración yo hablaría de campus.

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Ha sido una experiencia de la que he aprendido mucho y por mi carácter autocrítico lo primero que se me vienen a la cabeza son todas las cosas que, desde mi punto de vista, debemos mejorar.

Ya sabía que el grupo, de entrada, era bastante dispar pero no era realmente consciente hasta que empezamos a rodar y tras 2 kilómetro a ritmo “verano azul”vi que aquello era el “rosario de la aurora”, algo totalmente lógico ya que dentro del grupo hay gente que coge la bici y entrena regularmente y otras que por circunstancias, ya sea por trabajo, falta de tiempo o ganas, no la cogen, algo para nada reprochable pero que hace inviable que se pueda realizar un buen trabajo del ciclismo en conjunto; aunque en este sentido, pienso que fue más un fallo de los entrenadores por no saber gestionar la situación y para el segundo día de ciclismo aprendimos de los errores del día anterior y diferenciamos en dos grupos la salida por lo que la cosa fue bastante mejor para todos, ya que ni los que tienen más nivel se aburren, ni los que tienen menos pasan un mal rato.

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Las sesiones de agua, la mayoría fueron en el mar y solo realizamos una en la piscina, la cual supo a poco ya que seguramente es una de las mejores instalaciones del complejo y, además, con el ojo de buey nos permitía ver la técnica por debajo del agua y haber intentado hacer un trabajo mas específico con cada uno. No obstante me quedo con que nadar en el mes de noviembre en el mar sin neopreno y el agua cristalina es un auténtico lujo.

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En lo que a la carrera a pie se refiere, todas las sesiones fueron suaves y la más larga fue de 11 kilómetros en la que hicimos un trail y fue una de las sesiones en las que más disfruté, ya que los paisajes y las vistas hicieron de la carrera que no solo me quedara con el hecho de correr en sí, sino con el conjunto de disfrutar del entorno haciendo deporte con un grupo de amigos.

Ya que en un “campus” también forma parte la convivencia y no es solo entrenar, disfrutamos realizando otras actividades, tres sesiones de 15 minutos de karting, las cuales provocaron risas, cachondeo y agujetas a más de uno al día siguiente. Paradójicamente la sesión más dura para mi fue ésta, donde me lo pasé bomba! Tenía muchas ganas de pilotar y poder echar carreritas con 10 compañeros estuvo de p.m.

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Como anécdota, terminé la concentración con “mala pata” nunca mejor dicho 😉 ya que al acabar la sesión de carrera (precisamente la trail en la que en algún momento tuvimos que ir casi a cuatro patas) fui a entrar al agua corriendo a lo Hugo Sánchez con la mala suerte de ir a impulsarme en lo alto de una piedra y como consecuencia vuelta en “monoplaza” a la Península.

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Por suerte, al ser tejidos blandos, no hay rotura de hueso,la única perjudicada fue la piedra que acabó partida en dos 😉 Y para los más morbosos, la voltereta fue calificada por el “tribunal” de 10.

Como conclusión la experiencia ha sido positiva, de la cual hemos aprendido aspectos a mejorar para la próxima.